REINCIDENTES

Hubo un tiempo en que en los países de habla hispana, la música era un vehículo de la política, y la poesía y la protesta social eran una misma cosa. En España, desde mediados de los años setenta, esta combinación quedó relegada a los cantautores y desconectada de la evolución de la música electrificada, del pop y del rock de influencia europea. En el rock duro español se consolidó desde luego una vena social, una épica y lírica de la conciencia juvenil, pero más de barrio que de clase, y por tanto a menudo desinteresada del compromiso político.

Mientras tanto, en Europa, el punk abrió las puertas a una reidentificación radical entre rock´n´roll y política, con figuras emblemáticas como los “Clash” en Inglaterra y los “Dead Kennedys” en América. Pero aquí la recepción del punk fue minoritaria y segmentada: entonces ser un heavy era casi lo contario social y culturalmente que ser un punki. Consiguientemente, si en los años ochenta hubo una etiqueta nefasta fue la del “rock político”, que arraigó sólo donde existía una conexión entre movimientos sociales y expresión juvenil radical, en la Euskadi del ska-hardcore de “Kortatu” y “La Polla Records”.

En el resto del Estado, la ausencia de rock con conciencia era sintomática de la desmovilización juvenil lograda por la socialdemocracia. “Reincidentes” son el primer y más acabado ejemplo de cómo este vacío ha podido ser satisfactoriamente superado desde comienzos de los años noventa, provocando un verdadero fenómeno sociológico sorprendente, una nueva audiencia emergente que demuestra hasta qué punto el rock´n´roll de vena comprometida era una asignatura pendiente en el panorama musical español.

Pero a finales de los años ochenta, cuando comenzaron su andadura, era difícil anticipar que una propuesta de estas características tenía futuro. De hecho, los Reincidentes tuvieron un primer paso en falso con “Incidente local”, un grupo que entre 1985 y 1986 dio algunos conciertos en su Sevilla natal sin mayor consecuencia. En él estaba no obstante presente ya el núcleo de la futura banda: Juan R. Barea, entonces al bajo, Manuel Pizarro a la batería y Fernando Madina con las voces. Hizo falta que estos chavales de la adocenada y conformista Sevilla “socialista” decidieran “reincidir” y, sin sentir el vértigo de la cuerda floja, buscar el puente entre el punk y el rock duro, y entre el romanticismo urbano de barrio y la utopía de la comunidad política justa y participativa. Para ello fue primero necesario que tuviera lugar en sus vidas una experiencia personal que les hizo salir de la disyuntiva entre quedar atrapados en la incomprensión o callar definitivamente: su participación en la huelga de estudiantes universitarios de 1987, que por un momento hizo protagonistas de su propia biografía colectiva a los jóvenes españoles, y alrededor de la cual tuvo lugar una primera reactivación de la cultura radical a escala nacional.

Los Reincidentes dieron de hecho un primer y mítico concierto en plena ocupación estudiantil de la Universidad de Sevilla, enchufando sus instrumentos delante del despacho del rector. Automáticamente, quedaron enganchados a una corriente subterránea que poco a poco comenzaba a extenderse cuentionando el consenso dominante desde la transición. A pesar de que el futuro de la banda era completamente precario, los Reincidentes había hecho su reentrada en un ambiente de euforia colectiva y, sobre todo, se habían librado de la tutela psicológica institucional, habían roto amarras. Haciendo honor a sus raíces andaluzas, eran como jornaleros emancipados del señoritismo -que ahora se presenta en forma de moderación reformista-, cuya liberación ha desatado un potencial en bruto inagotable. Esta energía sería su principal atributo en un ambiente en principio muy poco propicio para la difusión de su mensaje de rabia y reivindicación. Faltaba, sin duda, el aprendizaje imprescindible, pero las cosas estaban ahora claras, de forma que con trabajo y continuidad se lograría dar forma al ímpetu. La suerte sonríe a los atrevidos.

El primer golpe de fortuna del grupo fue el acceso al estudio de grabación de Juanjo Pizarro (ex “Dogo y los Mercenarios”…) hermano de Manuel y verdadera bestia de la música profesional española. Juanjo aceptó grabarles una maqueta con la que el grupo se presentó al primer Concurso de Rock de la Diputación de Sevilla, en 1989, una iniciativa electoralista de las autoridades andaluzas que los Reincidentes supieron aprovechar para su aprendizaje: finalistas del concurso, tocaron con “La Frontera”, subiendo por primera vez a un escenario grande y sintiendo la vibración del público masivo. Ya entonces el grupo se ha consolidado en nueva formación, con Fernando en el bajo y las voces y Juan en la guitarra, el primero a las letras y el segundo a las composiciones musicales, aunque ambas llevan siempre el sello de todos. En esas fechas entra en la banda también José Luis Nieto, “Selu”, un saxo de toque muy personal que inspiraría esta primera etapa de la producción musical del grupo. Su música es entonces esencialmente agresiva, entre el sonido acelerado punk y las letras próximas al rock radical vasco, que se convierte en su aliado natural.

Su primer disco, “Reincidentes” (Discos Trilita, 1989, reeditado por Discos Suicidas) evidencia por un lado las limitaciones del grupo: es un trabajo autoeditado de apenas mil copias y con un sonido deficiente, mucho más apagado que los directos de la banda. Y sin embargo, ello no es un obstáculo insalvable: la edición se agota en la venta directa en giras sobre todo por Euskadi y debe reeditarse. El grupo, que es conocido sobre todo por sus directos, consigue un reconocimiento en el mundo de los gastetxes vascos.

“Ni un paso atrás” (Discos Suicidas, 1991) es el segundo disco de Reincidentes y la primera manifestación de uno de sus atributos más característicos: la imparable capacidad de poducir temas, en la línea de los Clash. En apenas un año largo, el grupo graba su segundo largo en medio de una tanda de conciertos por el País Vasco. Esta vez, un sello alternativo del panorama vasco, Discos Suicidas (“Eskorbuto”. “Guerrilla Urbana”…)se decide por la edición y firma contrato con el grupo por dos discos.

El disco se graba en Estudios Central de Sevilla bajo la dirección de Juanjo Pizarro, que se va confirmando como el garante de la adecuación del espíritu del grupo al sonido enlatado; en la mesa de sonido está José María Sacrista (Triana). Igual de destacable es la incorporación de Carlos Domínguez, un técnico de sonido que desde entonces acompaña por igual los directos y las grabaciones de la banda. “Ni un paso atrás” es un disco de resistencia hasta la médula: el tono activista de los temas sube y las canciones más que contar cosas sentencian, animan a la lucha contra todo. La portada, una adaptación de los fusilamientos de Goya a la conquista de América, anuncia cuál será la actitud del grupo ante la celebración del V Centenario que se aproxima.

En 1992, los Reincidentes se han hecho su hueco en el rock alternativo que se escucha en Euskadi. Pero en el entreacto han sucedido fenómenos importantes en la evolución social y musical en buena parte del mundo: mientras el ska-hardcore ha dado lo mejor de sí, una nueva audiencia musical está a punto de aparecer de la mano de una juventud excluida de los beneficios de la ciudadanía social, azotada por el desempleo y la precariedad y libre en cambio de prejuicios musicales. En España, sólo un grupo como “Barricada” había logrado en su rock-hardcore una cierta sensibilidad por los contenidos ideológicos radicales, pero otras formaciones más nuevas como “Los Suaves” o “Extremoduro”, aunque empiezan a difundir el rock duro de calidad por toda la geografía española, se repliegan sobre los temas antropológicos del urbanita de barrio, dejando ahora más que nunca libre el espacio de conexión entre la música urbana y la protesta social, y entre el punk-rock y el heavy-rock. Los Reincidentes pueden así experimentar en esa tierra de nadie con holgura.

El grupo da prueba de su adecuación a los tiempos y de su independencia de criterio con “¿Dónde está Judas?” (Discos Suicidas, 1992), un trabajo en el que no sólo sube el nivel notablemente, con bases mejoradas y guitarras más intensivas, sino que además las letras abandonan la estrechez de las consignas y comienzan a desgranar historias, ampliando a la vez el elenco de temáticas sociales. Pero la clave se halla probablemente en la acertada fusión entre letras más narradas y desarrollos musicales un poco más melódicos que se plasman en un sonido en directo efectivo y contundente que desborda los límites del sonido punk-hardcore sin alterar un ápice la coherencia militante de los contenidos.

Con este disco, los de Sevilla están en condiciones de jugar en casa y dar la nota discordante en la celebración del V Centenario y la Expo Universal. Sevilla 92 constituye de hecho un segundo gran jalón en la consolidación de la identidad ideológica y musical de los Reincidentes. La policía cargó contra uno de sus conciertos, deteniendo a algunos de sus componentes, que también dan con sus huesos en la comisaría por su participación activa en las protestas contra los actos oficiales. Más determinante aún fue la aplicación de la “Ley Corcuera” a Selu y a unos colegas de otros grupos musicales vascos confundidos con miembros de la banda armada ETA.

Este episodio surrealista y sintomático de la tensión represiva que se vivía en la España del 92, deja al grupo maltratado por los medios, y escarmentado de las llamadas “libertades civiles”. Por último, Reincidentes se enganchó al tren de actividades de solidaridad internacional orquestados con motivo de las protestas por el V Centenario: recorrieron Cuba y México en una treintena de conciertos de apoyo y sembraron una semilla para el futuro.

De vuelta de las Américas, la banda experimenta su segunda gran transformación: Selu deja el grupo y en su lugar se incorpora Finito de Badajoz “Candy”, (“Chatarra” y “Desahogados”), un guitarrista extremeño colorista y personal. El trío con viento ha pasado a ser cuarteto, una formación más adecuada a la creciente incorporación de líneas de melodía procedentes del heavy dentro de la aceleración y la estructura de rock´n´roll de los temas. El puente entre sonidos empieza a ser una realidad. Con “Sol y rabia” (Discos Suicidas, 1993), la semilla temática y musical iniciada entonces y regada con la gira americana y las protestas del 92 se despliega y adquiere madurez.

El disco es un auténtico “clásico” en el género del rock protesta. Ahora los contenidos son más amplios y de mayor calado al tiempo que vienen a concentrarse en los problemas sociales de Andalucía como representación de una desigualdad e injusticia universales, efectuando un ambicioso puente entre la realidad del campo y los ojos de la ciudad, entre el pasado y el futuro. La recuperación de tradiciones se vuelve también más específica y definida: conscientes de que Andalucía posee el arsenal de cultura popular más sólido y la tradición más viva de la Península, Reincidentes incluye un himno nacionalista andaluz de Blas Infante y algunos ritmos “jondos” que denotan la sustitución de Selu por Finito de Badajoz. El gancho del sonido procede de una combinación de aceleración con estribillos sencillos y contundentes fruto de la compenetración entre las dos guitarras.

El disco se produce con la fórmula que comenzará a ser habitual en los trabajos siguientes del grupo: los instrumentos se graban en Estudios Central de Sevilla bajo la dirección de Juanjo Pizarro, con apoyo de Carlos Domínguez, y después se mezcla y masteriza en Eastcote Studios y Sound Mastering Studios de Londres de la mano de Dave Young (Pati Smith, John Cale), un productor sensible a la evolución permanente del grupo. Porque lo que este disco rezuma es ante todo el aprendizaje de un grupo que ha logrado una personalidad y que ha hecho fructífero su tesón y su esfuerzo por conocer dos tradiciones y situarse en el límite.

La selección del título demuestra la identidad de este grupo: fue escogido de entre los que enviaron los seguidores, y tienen el detalle de editar todos los demás títulos en los créditos. El que se escoge finalmente, “Sol y rabia”, resume las señas de identidad de Reincidentes: “La idea de la justicia social existe por la rabia de que no la haya”, comentaría entonces Fernando a un periodista para hacerle ver el fundamento político del disco. En definitiva, Libertad, igualdad… y fraternidad rockera. Con este disco la música comprometida de calidad ha salido del universo de los cantautores y amenaza con arrebatar el corazón de la juventud urbana del mundo latino.

Los sevillanos participan en la 1ª Edición de Monstruos del Rock de Akí junto con grandes consagrados como Barricada y otros nuevos referentes: los Reincidentes abren el concierto y dejan extasiados a los cientos de chavales que esperan a sus nuevos grupos de referencia. Comienza a hacerse claramente visible un nuevo público, como se verá en las cifras de venta del largo, 20.000 copias.

Pero la prolífica actividad de Reincidentes está desatada a mediados de los años noventa, una vez descubierta una fórmula mágica que literalmente hace despegar a la gente del sitio. Al año de “Sol y rabia” ve la luz “Nunca es tarde… si la dicha es buena” (Discos Suicidas, 1994), un disco completamente maduro que abre a una larga gira de 78 conciertos por toda la geografía española para públicos cada vez más masivos. Repitiendo el esquema de grabación anterior, con Juanjo Pizarro en Sevilla y Dave Young en Londres, los Reincidentes realizan el trabajo que les abre las puertas directamente a un grupo amplio joven y que se incorpora entonces a la vida pública y al consumo.

El disco mismo está en gran medida dedicado a esta juventud emergente, a la que arengan desde el título mismo a la toma de conciencia: ellos, que han conocido ya batallas personales importantes, están en condiciones de mostrar caminos y actitudes a los más jóvenes que les siguen. Pero el disco tiene clase, y recibe el reconocimiento unánime de extraños tanto como propios: respira espíritu no sólo social, sino también musical, en forma de una marcha que carece de momentos flojos o repetitivos, en la que se diluyen las influencias y se equilibarn los ritmos y las melodías. Con 25.000 copias vendidas, Reincidentes no son sólo cabeza del rock andaluz, son ya una de las bandas de rock de mayor credibilidad de la Península, un grupo totalmente consolidado, el único que repite en el festival Monstruos del Rock de Akí en 1995, que motiva ya a miles de personas y empieza a ser tímidamente imitado.

Tras este disco se produce otro cambio en la formacion, ingresa Nacho como tecnico de monitores y escenario, como miembro de pleno derecho. Entre 1995 y 1996 tienen lugar problemas con la casa de discos y se produce el salto a una multinacional, RCA. Los Reincidentes vuelven a componer temas, hasta un total de 26 en sólo meses. Pero el grupo y la compañía discrepan sobre la conveniencia de sacar un nuevo disco. Al final, tendría lugar una solución salomónica: Reincidentes ficha por un nuevo sello de edición, pero entrega el disco prometido a su compañía independiente, que debía titularse en principio, “El sexto”.

El CD salió sin embargo finalmente con el título de “Materia reservada” (Discos Suicidas, 1997), mientras las relaciones entre las dos partes se deterioraban completamente (Discos Suicidas tendría incluso oportunidad de editar un segundo CD con temas no incorporados a éste, con el título de “Los auténticos” (Discos Suicidas, 1998)).

Por su parte, “Te lo dije” (BMG Ariola/RCA, 1997) sería la contrapartida editada por la nueva casa de discos. Contra todo pronóstico de los más recalcitrantes, la incorporación de Reincidentes a una empresa de grandes medios no altera un ápice el espíritu de la banda, al contrario, aporta una mejor producción y difusión. Este sería considerado sin duda el mejor disco de su trayectoria hasta el momento, con los temas mejor compuestos, y además, con una grabación que gana en transparencia, en inmediatez y fidelidad al sonido original de la banda.

Te lo dije” es la mejor radiografía de Reincidentes, es casi un directo en estudio, y exhibe de paso el constante devenir del grupo, que logra un sonido un poco más denso, más sólido y unas letras aún más vitales y más claras. En definitiva, un disco supino que marca el último asalto al público masivo en los conciertos y ventas. Además del cambio de la discográfica, en este tiempo se produce la incorporación de Reincidentes a la escudería de Attraction Management, empresa con la que el grupo ha colaborado desde tiempo atrás, pero que ahora pasa a promover en exclusiva las giras de una banda que congrega cantidades crecientes de público y que gusta combinar conciertos festivos con actuaciones de solidaridad en actos públicos a favor de causas políticas.

A lo largo de 1997 los Reincidentes realizan una vez más una larga gira por la Península en la que consiguen un increible nivel de compenetración. Surge de ahí la propuesta, originariamente de la propia compañía, de rendir a su público un ejemplo del trabajo en directo.

Algazara” (BMG Ariola/RCA, 1998) es el resultado de este arriesgado proyecto que incluye también un video. Reune en sus 34 temas una síntesis completa de la trayectoria de Reincidentes, pero con la maestría de su momento de consagración. El doble CD es en apariencia una retahíla de los temas de sus conciertos, pero, con la evolución que tienen a sus espaldas, se puede entender como un repaso a veinte años de punkrock y heavyrock en España. Así se explica que aparezcan entremezclados dos homenajes de la categoría de “Sheena is a punk rocker” de los Ramones y “Pan de higo” de Rosendo, dos de sus referentes más enraizados y cuya aproximación es precisamente el gran logro de los Reincidentes.

El disco es también en apariencia el producto de una gira más, pero, con las tablas profesionales y políticas que tienen, se convierte en quintaesencia de lo que de sí puede dar una gira musical y activista por la piel de toro: el disco se grabó en veinte conciertos, unificados bajo el lema “Todo el poder a los soviets” y amparados por una gran estrella roja estilizada bajo cuya imagen desfilaron además de los de Sevilla otros grandes “camaradas” de la lucha musical: “el Drogas” de Barricada, Evaristo de la Polla Records, Javi Chispes de “La banda jachís”, los Porretas… Mención especial merece la contribución de “El Cabrero”, que por motivos de afinidad ideológica y hermandad decidió por una vez salirse de su estilo flamenco purista y compartir escenario con estos luchadores musicales.

La gira termina simbólicamente en Marinaleda en una gran fiesta del pueblo, roja, solidaria, unitaria, utópica y activista. “Algazara” es el resumen de una carrera de fondo iniciada más de diez años atrás y basada en la rotundidad de las actitudes, la permanencia del compromiso y la búsqueda de la calidad al servicio de una causa más allá de la música. Con estos valores los Reincidentes no sólo han adquirido una personalidad que destaca dentro del panorama del rock duro español, sino que han superado la épica y lírica del barrio y apuntan hacia un activismo constructivo desde cuyos valores solidarios se realiza una ácida crítica de las realidades e instituciones sociales más deplorables para todo joven consciente y rabioso: el servicio militar, los medios de comunicación, la represión policial, los nazis, y en definitiva, la falta de libertad, contra la que se erige la necesidad de identidad y de fines colectivos.

Ese slogan de la gira “soviet” , en realidad parecía sencillamente recordar que todo, no sólo el poder sino también la música, es de la gente, de la gente que sabe lo que quiere y no abandona nunca los principios para caminar con otros, juntos. Pero es mucho más que el premio a la constancia. De este disco se dice que retrata al grupo tal cual es: la energía de Reincidentes parece atravesar la tecnología y mostrarse sin dependencia de los medios, inmediata, y por eso tal vez más real que en el propio directo. La adrenalina positiva de la banda llega además en el mejor momento, el público entregado en los conciertos corre a adquirir el testimonio del acontecimiento y descubre que no es un simple documento, sino tal vez uno de los mejores discos de rock en castellano. Las ventas llegan a alcanzar el disco de oro, con 60000 copias vendidas. El drogas les hace entrega del disco. Es la apoteosis.

Menos de dos años después de “Algazara”, los Reincidentes reaparecen. Este grupo verdaderamente prolífico no está dispuesto a repetirse a sí mismo, a vivir de las crecidas rentas; ni siquiera están dispuestos a ejercer una vez más de magnético sermoneador de una juventud alternativa que jalea sus canciones desde hace ya varios años. Con lo que llevan a sus espaldas, no pueden caer con facilidad en las redes de la autocomplacencia o el distanciamiento de los famosos y los puretas. Al contrario, vuelven a la escena dirigiéndose a su público y preguntando, “¿Y ahora qué?” (BMG Ariola/RCA, 2000). No es una pregunta retórica, sino la verbalización de un doble reto, musical e ideológico.

Con “¿Y ahora qué?” los activistas sonoros de Sevilla sitúan a los jóvenes en la encrucijada de reflexionar sobre problemas que son ya de alcance mundial, como las diferencias de riqueza y poder en la nueva era tecnológica, la inmigración, los medios o la dominación masculina, problemas que exigen respuestas colectivas de parte de gente consciente y reflexiva. Y a la vez se imponen ellos mismos el reto de seguir evolucionando en su sonido, de la mano, como es habitual de la misma producción a cargo de Juanjo Pizarro y Jose M. Sagriasta en España y Philipp Bagenal en Gran Bretaña, un tándem que sin duda ha sabido ajustar y ajustarse a su constante aprendizaje.

“¿Y ahora qué?” es el disco de un grupo dispuesto a mantenerse fresco y directo, pese a su permanente investigación en el filo de la navaja entre el punk y el rock urbano, entre la tradición española del heavy y la evolución general del rock´n´roll susceptible de aclimatar mensajes críticos y arengas comunitarias. Pero es también el disco de un grupo que tiene claro que su público tiene también que ir evolucionando como hacen los problemas del mundo, que debe adquirir mayoría de edad en forma de conciencia y búsqueda de soluciones y alternativas. Así, aunque el trabajo rezuma madurez en su línea, destaca ahora una vuelta a los temas del rock más social que político, a la antropología del barrio, pero desde una perspectiva cargada de reflexión crítica. Este reto intelectual se efectúa por medio de una música muy versátil, capaz de concebir temas de base hardcore que se abren a guitarras aceleradas de punk-rock pero que adaptan siempre melodías del heavy y conservan los estribillos esenciales del rock´n´roll.

Las influencias permanentes de la banda, españolas y extranjeras, son ya herramientas domesticadas que permiten entre otras cosas acometer una versión vertiginosa del “Poema de amor y muerte” de Miguel Hernández. En este CD, en suma, los temas son poliédricos en la forma y poéticos en el contenido, como pone de manifiesto el single escogido para lanzamiento, “¡Ay, Dolores!”, una especie de “balada dura” para esposas maltratadas cuya estructura rockera atravesada por vientos incorpora requiebros de ska-hardcore para finalizar en un original guiño flamenco con voces femeninas. En el salto al nuevo milenio, Reincidentes se han convertido en un paraguas del descontento social en la cultura de habla hispana. Sus discos son algo así como un termómetro de las cuestiones sociales y del sonido que motivan a una parte nutrida de la juventud, de un mundo cada vez más globalizado.

El prestigio y las ventas de los últimos trabajos dan sentido a una primera gira por Latinoamérica, donde el grupo va tomando contacto con otra cara de la moneda y vuelta de tuerca de la realidad social generada por las políticas neoliberales. Cuentan para ello como cicerones con un grupo argentino -Ataque 77- que ha andado probando suerte en la piel de toro con una radical propuesta de reversión al primer punk, y cuyos miembros han acabado compartiendo con Reincidentes algo más que empatía musical. Juntos realizan tres conciertos, dos en Buenos Aires (en la sala Cemento)y uno en El Plata, que sirven de poderosa presentación de los de Sevilla en el cono sur, a pesar de la rácana promoción de BMG-Argentina y a pesar de que el gran doble “Algazara” sale allí a la venta a precio de especulador financiero cuando los porteños no están precisamente para grandes dispendios.

Paradojas de la “democracia cultural” en la era de la globalización. La falta de apoyo en la gira americana no es sino una muestra, tal vez más evidente pero no más sangrante, de la desidia con que el sello BMG trata los últimos trabajos de Reincidentes. A pesar de vender 35.000 copias en tres meses, cantidad y ritmo nada despreciables para un grupo que no se divulga en los medios musicales masivos, la multinacional se desentiende de la promoción de “¿Y ahora qué?”, perdiendo la oportunidad de difundir adecuadamente “¡Ay, Dolores!”, un sencillo que hacía alarde de una muy lograda mezcla entre raiz rockera y alma popular. Una vez más, un gran sello musical se empeña en demostrar que la “cultura del pelotazo” es más bien endémica en el panorama empresarial español: como si de valores de bolsa se tratase, de los músicos interesa una rentabilidad elevada y a corto plazo.

Y esto es algo que, al margen de consideraciones económicas, toca de lleno la fibra moral de un grupo como Reincidentes, a quienes además los años y las tablas han enseñado que las compañías de discos adoptan una estrategia comercial equivocada al no apoyar a largo plazo a sus grupos más constantes. Sorprendentemente, la crisis en las relaciones entre la banda y la casa de discos se salda con una civilizada y pacífica despedida, lo cual permite a los sevillanos no sólo recuperar su libertad sin deudas pendientes, sino incluso poder negociar con otros pequeños sellos discográficos (Pepedote Records, Fogón Música y Alerce Música) la edición en México, Argentina y Chile respectivamente de los trabajos en su día contratados con BMG. La actividad como músicos comprometidos de los Reincidentes hace tiempo que ha desbordado cualquier estrecha mentalidad lucrativa: conciertos de solidaridad, actuaciones en apoyo a diversos colectivos venían siendo parte del esquema habitual del grupo. La salida de BMG permite dar un salto cualitativo en esta orientación.

En el otoño de 2000 los sevillanos crean su propio sello discográfico, La Otra Orilla. El nombre refiere directamente a la cuestión de la inmigración, que en los últimos años ha pasado a primer plano en la opinión pública nacional y en general europea, trayendo consigo una determinada manera de instituir la solidaridad que resulta cuando menos hipócrita. Es tarea de muchas instituciones y ONGs neutralizar la profunda carga política que subyace al problema de la desigualdad tanto en el interior de las economías desarrolladas como en las relaciones norte-sur, narcotizando a la opinión pública por medio de proyectos denominados “humanitarios” orquestados por las nuevas instancias de la caridad posmoderna. La Otra Orilla se plantea marcar una diferencia con esta forma de hacer solidaridad: aspira a dar salida a productos musicales orientados a recabar fondos para promover iniciativas en pro de la dignidad de los trabajadores extranjeros en España, cuya situación no es por otro lado muy distinta de la de quienes nutren el “Cuarto Mundo” nacional. Los propios Reincidentes son los primeros que arriman el hombro a esta iniciativa, editando en su nuevo sello un disco homónimo “La otra orilla” (La Otra Orilla, 2001), sin ánimo lucrativo.

Esto significa que la banda ha puesto su trabajo de forma desinteresada y ha buscado una producción solidaria con la causa. Sólo la distribución, a cargo de Boa Records, supone un coste remunerado, que tampoco deja beneficios al sello discográfico. El disco puede así llegar a las tiendas de música a un precio razonable -1000 pesetas- y servir adecuadamente al objetivo deseado, en este caso apoyar el trabajo del denominado Movimiento contra el Paro, la Pobreza y la Exclusión Social (MPPE), una ambiciosa plataforma de canalización de descontentos sociales que funciona en Málaga desde 1996 y que no sólo reivindica derechos y políticas de reconocimiento sino que también promueve proyectos que generen entre los parados y los inmigrantes la conciencia de sujetos políticos autónomos. “La otra orilla” es un trabajo que tiene atractivos musicales sobrados. Comienza con una versión de “Un pueblo” procedente de “¿Y ahora qué?” donde aparecía cantada por Fermín Muguruza. Después le siguen otros cuatro contundentes temas de sólida y ajustada factura que reconfirman la madurez musical de la banda. Destaca entre ellos “Recuerdo de las conversaciones de escalón, canuto y litrona en las que arreglábamos el mundo y que, por desgracia, aún tienen pleno sentido”, toda una declaración de principios sobre la durabilidad del compromiso.

El disco fue grabado en Estudios Central de Punta Paloma (Tarifa) por José María Sagrista en noviembre de 2000, mezclado por Philip Bagenal en Eastcote Studios (Londres) y masterizado por Patrick Bird, y la edición se completa con una pista cd-rom con imágenes de la grabación en estudio de “¿Y ahora qué?”. Todo un regalo para los seguidores y una forma de desmitificar la idea del artista-genio. La semilla lanzada el año anterior en la primera gira por Argentina germina en un nuevo proyecto de recorrido por el cono sur, esta vez algo más ambicioso, en 2001. Ni que decir tiene que esta proyección latina no es, no puede ser, entendida como un negocio: a punto de estallar la crisis financiera argentina, con sus dramáticas secuelas de desestructuración productiva y literal desmantelamiento de la redistribución estatal, estos conciertos tienen un sentido que sin embargo tampoco es solidario.

Los miembros de los Reincidentes reconocen que Latinoamérica les produce una fuerte mezcla de asombro y respeto, de manera que para ellos llevar a su suelo, a sus inmensas ciudades, lo que mejor saben hacer, que es tocar rock´n´roll, es el mejor tributo que pueden ofrecer a un público en el que ven encarnada una larga tradición de riqueza cultural y resistencia a la adversidad. La respuesta de ese público no va tampoco a la zaga. En esta segunda gira, la banda regresa a los escenarios argentinos de la primera tourné, esta vez añadiéndose a Ataque 77 el grupo punk femenino Penadas por la Ley; pero es Chile la gran sorpresa: el recibimiento de que son objeto los Reincidentes es espectacular y la hospitalidad sencillamente imposible de devolver. Allí comparten cartel con Fiskales Ad Hoc y con Siniestro Total, otros veteranos españoles que también se rinden a la cordial entrega de ese público que sabe reconocer las propuestas musicales de calidad en castellano. De vuelta a España, se diría que sobrevuela sobre la sensibilidad del grupo la pregunta -¿Y ahora qué?- que en su día lanzaron a su público, instándoles a no conformarse con facilidad ni siquiera con sus arengas radicales. Desde la salida de BMG, la actividad de Reincidentes no ha dejado de ser frenética, incluyendo experiencias al otro lado del charco con nuevos públicos y proyectos como el sello discográfico que acercan a nuevas realidades sociales y culturales españolas.

Una banda de rock es, no obstante, ante todo la música y letras que producen para quien quiera escucharlas; y la pervivencia en el tiempo de un grupo no depende sólo de la amistad, en este caso asegurada por descontado, sino también de un proyecto que debe a la vez tener sentido para quienes en él participan y gozar de una coherencia que sólo se consigue con el esfuerzo, el tesón y el compromiso. Tal vez no hiciera falta justificar la decisión de parar de tocar durante un año en escenarios españoles, pero los Reincidentes deciden hacer pública una declaración de motivos, en una nueva muestra de deferencia hacia su público, para el que los directos son algo más que ocasión para el desenfreno rockero. Para los veteranos sevillanos parar de tocar en España es abrir espacio a la necesaria reflexión sobre su propio trabajo, mostrando así una inhabitual capacidad de librarse tentaciones de poner pedal fijo y acomodarse. Fuera de España, en cambio, el mundo sigue siendo ancho, y hay mucha gente que todavía no ha vibrado en directo con la original propuesta de rock-hardcore-heavy de la banda. En enero de 2002, los Reincidentes vuelan a Puerto Rico, extraño estado de los Estados Unidos en el que a la vez se funden, confunden y separan dos culturas lingüísticas y en el que el rock en castellano, por tener un estatus inferior, conforma un submundo probablemente único en el mundo.

Dan conciertos en Ponce y San Juan, en una experiencia que resulta estimulante y enriquecedora. A continuación, en marzo, recorren literalmente México en una larga tanda de conciertos de la mano de sus colegas y amigos Vantroi. Organizada por Pepe, batería del grupo mejicano y propietario de Pepedote Records, la gira es una apoteosis de diversión y empatía con un público que vuelve a revelarse incondicional y motivado por la música radical que llega del otro lado del océano, hasta el punto de que en un concierto en el D.F. se dan momentos de cierta tensión cuando un contingente de 500 eufóricos chilangos desborda la barrera policial y se cuela en el recinto, creando la confusión y haciendo notorio el paso por la capital mexicana de unos gachupines cuya música tampoco pasa por sí sola desapercibida.

Los Reincidentes no son el único, ni el primer grupo que en España ha pasado por la experiencia de romper con una multinacional a la vista de su miope estrategia promocional. El fenómeno revela una creciente madurez de las bandas con larga trayectoria a sus espaldas, que se muestran dispuestas a renunciar a las escuderías de grandes siglas por conservar la coherencia de sus planteamientos estéticos y sus valores. Pero además coincide con el auge de compañías menores que pueden aprovecharse de la densidad del mercado musical español para ofrecer a grupos consagrados una razonable distribución. Esto es en cierta medida lo que explica que Reincidentes hayan decidido fichar por Locomotive Music, un sello especializado en rock duro. En la decisión ha pesado también la amistad con grupos que llevan ya un tiempo en la escudería, como Hamlet y Boikot. Y sobre todo se ha impuesto la urgente necesidad de sacar a la luz en formato de disco los nuevos temas que han ido madurando en los dos años de giras extranjeras.

“Cosas de este mundo” (Locomotive Music, 2002) es el resultado de un tiempo de reflexión sobre la trayectoria del grupo y de búsqueda de nuevos derroteros. Tal vez por ello es a la vez un trabajo que vuelve a los orígenes y un disco producido de forma esmerada y meticulosa en busca de una determinada calidad musical. La dirección de producción vuelve a ser, como es habitual, encargada a Juanjo Pizarro, lo cual es una forma de subrayar que estos sevillanos siguen confiando en la sensibilidad de alguien que les conoce bien y desde siempre. El disco se graba, como los últimos, en los Eastcote Studios de Londres, en julio de 2002, con Anti Uusumaki y Philip Bagenal a la mesa; lo mezcla Bill Kennedy en los estudios Eurosonic de Madrid y es después masterizado por Tom Baker en Los Angeles (Precision Mastering). Se consigue en todo este trasiego un sonido destilado, que se muestra desnudo, sin arreglos superfluos ni distorsiones descontroladas, cuya claridad en instrumentos y voces lejos de disminuir su fuerza sirve para que ésta adquiera una contundencia constante y sin altibajos.

La calidad y definición permite que los temas se llenen de cambios rítmicos sin caer en el embrollo, y que los riffs alternen con breves solos melódicos de guitarra manteniendo incólume la base sónica y rítmica. Con esta factura, las posibilidades de experimentar con la terna punk-hardcore-heavy que caracteriza a los Reincidentes se multiplican, pero para permanecer más estrechamente referidas unas a otras, sin dejarse tentar por otras influencias. El disco gira así completamente en torno de las fuentes estilísticas de las que ha bebido el grupo, y la vuelta de tuerca que propone es la de una interesante reivindicación a la vez de la fusión y el purismo en cada uno de los temas y para cada una de esas tradiciones respectivamente.

Los discos de los Reincidentes no son sin embargo simplemente sonido; el mensaje es inseparable de la propuesta musical. Si el cuarteto-sexteto regresa, es porque tiene cosas que decir, que por cierto son bastantes. Son 20 los temas que componen este doble CD, editado en un cuidado y completo digi-pack que incluye letras y fotografías tratadas en cuyos fondos es de destacar que, junto al tradicional rojo radical-revolucionario, se perfila el azul como dibujando el perfil de una utopía sobre la que este disco se atreve a reflexionar en voz alta, como parte de esas “cosas de este mundo” que lo motivan. No deja por ello de abundar la crítica social, sobre cuestiones que van desde el poder desmovilizador de los medios a la hipocresía del nuevo prohibicionismo en materia de ocio juvenil, pasando por la pederastia, la religión, la inmigración…

Pero en este disco se palpa un impulso que va más allá de la denuncia e incluso de la arenga y la llamada a la acción, y que se adentra en la difícil, mas no por ello menos urgente, conversión de la imaginación en realidad. “Otro mundo es posible/necesito que sea tangible”, reclama el tema “Revolución”, sintetizando esa actitud que aparece recurrentemente en unas letras que empiezan a destacar por su matiz poético, simbólico, lo cual no es tarea fácil tratándose de cuestiones sociales y a menudo muy manoseadas por los medios de comunicación. El disco rinde dos importantes tributos a las experiencias latinoamericanas. “Latinoamerica” resume la admiración y el compromiso con el subcontinente y “Plegaria para un labrador” convierte en un contundente sermón rockero el rezo que el cantautor chileno Víctor Jara convirtiera en himno universal de justicia. Otra dimensión temática que está tomando cuerpo en los discos de Reincidentes es la reflexión biográfica y generacional. “Mi generación” es el corte escogido para editar un primer sencillo de “Cosas de este mundo”, y resume las virtudes de un disco en el que abundan los temas sólidos que nunca son del todo comerciales: en él se hace un duro ajuste de cuentas con esa inmensa pero silenciosa, diezmada generación del “baby-boom” en descomposición identitaria y de la que forman parte los miembros del grupo.

El single incluye también un tema acústico, formato que se insinúa con miras de futuro. Con la publicación de “Cosas de este mundo” Reincidentes vuelven a las carreteras españolas a recorrer la geografía urbana y rural con conciertos a diestro y siniestro. Rock y conciencia crítica siguen siendo su idiosincrasia. Muchos estadios van a corear sus temas de siempre; pero en ellos se escucharán ahora por primera vez lemas tan explícitos y sugerentes como éste: “¡Sexo, para alucinar/ Drogas, para compartir/ Rock&roll, para transmitir/ Ilusión, para liberar!”. Larga vida al rock, larga vida a quienes no paran de reincidir en una de sus más inspiradoras venas. En el primer concierto de la gira de presentación de “Cosas de este mundo”, en Jaén durante la feria, Fernando sufre lo que podía haber sido un trágico accidente. Entre las anécdotas del nuevo tour, destaca la grabación para los conciertos de Radio 3, donde todos lucen camisetas con el lema “No a la Guerra”, haciendo referencia a la inminente invasión de Irak por parte de USA y Gran Bretaña con la connivencia del gobierno español.

A principios del 2003 Reincidentes hace su primera gira acústica: una presentación en Sol Música televisión, y cinco en las tiendas FNAC de la península: Oviedo, Madrid, Zaragoza, Barcelona, y Valencia. Para la campaña acústica deciden añadir a Juanjo Pizarro como quinto “Reincidente” sobre el escenario, ya que está más versado en el sonido acústico, y su destreza y solvencia con las seis cuerdas aseguran un buen acabado de las canciones. Su proyecto de sello discográfico, La Otra Orilla, también es centro de sus dardos durante los meses del 2003. Todo parte por el ansia suya de dotar a Sevilla de una infraestructura roquera y concienciada, de lo que ellos nunca pudieron disfrutar en sus inicios. Reincidentes, viendo el camino que les tocó recorrer, hablan de emisoras locales que programen música de verdad, locales de ensayo en condiciones, alguna sala. Utopías a las que tratan de aportar granitos de realidad. Desde que lo crearan no se habían volcado tan profusamente en la etiqueta. Dos lanzamientos así lo atestiguan, los discos de Spittle Dog y Systema, dos discos titulados con el nombre del grupo.

Para el duodécimo disco Reincidentes se decantan por el, ya mascullado, formato acústico. Dos de los temas que hacen en acústico son versiones, la primera del argentino León Gieco, titulada “Las madres del amor”. La otra es un sincero homenaje, se trata de la versión de “Sueño con serpientes” del cantautor cubano Silvio Rodríguez, una referencia espiritual y antaño musical para muchos del grupo, Entre el resto de los temas, destacar sobre todo, por la transformación que han sufrido los que pertenecen a los primeros tiempos, por ejemplo “Vicio” y “Aprendiendo a luchar”. Otros temas resultan más previsibles (aunque sorprenden en este formato desnudo), como “Un pueblo” o “Un día más”, y otras como “¡Ay Dolores!”, son certeros ejercicios de estilo; en este caso se regodean eficazmente en los aires flamencos que se intuían en la original. El repertorio se completa con “Amarga habitación”, “Sobre las ruedas” y “Hablando con mi cerebro”. En el mismo estudio de la Alameda y al mismo tiempo que se graba el disco acústico, Reincidentes graban las canciones para su próximo disco. Algunas canciones ya quedan casi terminadas en estas semanas, por ejemplo “Ya no estamos todos” que habla sobre la memoria histórica y sobre la guerra civil, “¿Quién lo va a pagar?” que trata de la monarquía y que finalmente se titulará “Realeza”, “Todo no da igual” que va del aborregamiento colectivo y “Egoísmo”. Son algo más que bocetos de lo que será el repertorio de su próximo disco.

En los últimos meses del 2004 Reincidentes se disponen a culminar el trabajo que empezaron en Enero del año anterior, mientras trabajaban el acústico. Siguen en Sevilla, en los estudios Alameda de Alfonso Espadero, con Juanjo Pizarro canalizando la creatividad del grupo. “El comercio del dolor” es un cd de alto octanaje, cargado de rabia, negativa y positiva a partes iguales, que se muestra a voz en grito y a volumen brutal. Contiene catorce canciones y, como se señaló, algunas ya habían sido urdidas durante las sesiones de grabación del acústico. Todas van en la línea más burra de Reincidentes, tirando verdades contra la monarquía, el capitalismo y demás lacras globales. En lo musical, siguen guiándose por su propio estilo, a estas alturas aún cuando se parecen a otros (la eterna sombra de La Polla) se parecen a si mismos, y por las influencias sajonas que salpican su hogareño estante de discos.

En Febrero del 2005 el grupo repite el salto a tierras argentinas de la mano del manager de Attaque 77, Mundy Epifanio, y se embarca en una nueva gira al otro lado del charco. Para cuando regresan el nuevo cd ya está listo para ponerse a la venta y el grupo se lanza de lleno a las labores de promoción, sobre todo en Euskadi y Madrid. Los conciertos empiezan a rodar (Reincidentes hacen entre sesenta y setenta conciertos al año en la Península) sin planearse una gira cerrada, pronto llega el verano y el grupo empieza a compadecer en todos los festivales contestatarios de la Península. El remate final, ya para el mes de Septiembre, será su actuación, nuevamente, en las Fiestas de Partido Comunista, en la madrileña Casa de Campo. Y si el año 2005 lo iniciaron por tierras argetinas, el cierre será idéntico, aunque añadiendo Chile (Teatro Providencia) a la hoja de ruta. Mundy Epifanio monta una nueva girilla a los sevillanos acompañando en la mayoría de los casos a Attaque 77, será del 11 al 16 de diciembre.

Aunque a estas alturas Reincidentes sean ya unos veteranos de la convivencia colectiva, esta se sigue poniendo a prueba en cada nuevo viaje y cada nueva gira. Entre el 6 y el 9 de Abril de 2006 visitan el Sahara, concretamente en El Aiun, uno de los campamentos que el Frente Polisario tiene cerca de Tindouf, en Argelia. Les invitaron a tocar en la clausura del Festival Internacional de Cine del Sahara, organizado por el director peruano Javier Corcuera. En Septiembre de ese año 2006 comienzan otra tanda de conciertos “de asentamiento” por tierras latinoamericanas. Esta vez el recorrido tiene paradas en La Plata y Buenos Aires (2 noches) en Argentina, Montevideo en Uruguay y Santiago y Antofagasta en Chile. En Argentina además realizan dos directos en programas de la Tv pública y conceden centenares de entrevistas para todo tipo de medios de comunicación. El lanzamiento del disco “Dementes” está planeado para Noviembre del 2006, hasta ese momento Reincidentes no dejará de tocar prácticamente todos los fines de semana por la geografía peninsular en lo que ya es su habitual ritmo estival de fiestas patronales y festivales al aire libre. ‘Dementes’ musicalmente es un disco rápido, incisivo, combativo y de fácil asimilación. Temas a caballo entre el Rock Radical y el Punk garajero. Con colaboraciones de músicos de Dogo y Los Mercenarios, Las Niñas, Narco, etc.

A la vez que el disco sale la biografía “El sol y la rabia” escrita por los periodistas musicales Kike Babas y Kike Turrón y con múltiples colaboraciones entre las que destacan las de Fito Cabrales, El Cabrero, Fermín Muguruza y Eva Forest. Dos años y varios docenas de conciertos después, Reincidentes graba su nuevo disco “América: canciones de ida y vuelta” en Sevilla en febrero de 2008, producido por el incombustible Juanjo Pizarro, este nuevo disco de Reincidentes es un tributo a la música popular latinoamericana que Reincidentes entiende desde la canción de autor hasta el rock que se hace en Latinoamérica: Un viajecito que pasa por Pablo Milanes: “Yo pisare las calles nuevamente”; el argentino León Gieco: “La memoria”; Gian Franco Pagliaro: “Yo te nombro”, un tema que popularizado por Nacha Guevara y Quilapayún entre otros; Tijuana no: “Transgresores de la ley” con su rock mexicano; Los Jaivas: “Todos juntos”, un icono de la música popular chilena; Silvio Rodríguez “Playa Girón”; Titas: “Tudo o que voce quiser”, grupo brasileño archiconocido en todo el continente americano, dónde por primera vez Reincidentes cantan en portgues; Ali Primera: “Casas de Cartón”, el cantautor político más famoso de Venezuela; Attaque 77: “¿Cuál es el Precio?”, compañeros de fatigas en sus giras por argentina; Los prisioneros: “Quieren dinero”, un poema de Jovaldo al que le han puesto música, un militante del Partido comunista de Peru, asesinado por las fuerzas de seguridad del primer gobierno de Alan Garcia; Guillotina: “Entre una multitud”; Divididos: “el burrito”; La Chancha: “Comerse un Buey”, rock desde Uruguay; Ignacio Cabañas: “Asalto a Madera”, corrido político casi desconocido en México, que cuenta al famoso asalto al cuartel de Madera por militantes guerrilleros en el año 65 en Chihuahua y la posterior represión. Portadores de un orgulloso espíritu de lucha y denuncia social, Reincidentes hacen suyas estas canciones, estos mensajes, añadiendo su grano a la hora de añadir arreglos, experimentando en algunos casos, sorprendiendo en otros.

Cumplido ya el vigésimo aniversario de su carrera, el grupo, que comenzó siendo “la banda andaluza del rock radical vasco”, es desde hace años uno de los nombres perdurables del punk rock político estatal, y a día de hoy mira más hacia delante que hacia atrás: con los esfuerzos concentrados en dar a conocer “América”, su disco número quince, y con el ánimo resplandeciente tras sus recientes visitas a Latinoamérica, donde la banda se está convirtiendo en una sólida realidad del circuito. Apunto de enfrentarse a su enésima gira, – esa que en verdad viene de antes y no ha parado nunca-, donde refrendarán su media de 70 conciertos por año, 30 canciones por concierto, Reincidentes hacen camino andando por una carretera que ellos mismos llenan de tantísimos escenarios y causas que apoyar, de tantas bandas amigas y tantos amigos en tantas ciudades, de tantas horas sin sueño y kilómetros sin descanso. Muestran su veteranía con energía renovada, dispuestos a poner de largo sus últimas reflexiones sobre el mundo en forma de canciones, sabiendo que el trabajo de tener tanto que decir al público ya no está sólo en el Estado Español, sino también en México, Argentina y Chile. Seguirán sacando conclusiones de este injusta sociedad que acabarán en canciones. Seguirán recogiendo vivencias de lo que ellos mismos cantan. Seguirán con su inapelable régimen asambleario, haciendo piña, y con esa cualidad que les ha caracterizado desde el inicio, la capacidad de saber mirarse a los ojos. Como se ha pretendido demostrar a lo largo de estas hojas, el grupo se empeña en saborear cada cosa que le ha venido sucediendo desde aquellos lejanos días de 1986 en un instituto público de Sevilla, creciendo como personas en uno de los oficios más antiguos del mundo: el trovador que con sus canciones intenta un despertar de la conciencia social.

© Bull Music Festival 2017

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